Como todos los miércoles, Aurora salió con sus amigas a los bares de siempre. Desde las siete, hasta entrada la noche. Cuando el ánimo decaía en un bar, era tiempo de volar al siguiente. La noche es larga y dormir no es una prioridad. Gracias a que Aurora es bonita, linda y coqueta, siempre ha podido disfrutar de ir a uno u otro bar y no pagar ni un céntimo. Quienes pagan son ellos, que caen en sus redes de seducción y piensan que pueden conquistar a la princesa poniéndola peda. Aurora sabe leer a los hombres. Sabe qué anhelan y cómo engancharlos con ello. Mientras más grande sea la cartera del pobre diablo, mayor será su recompensa.
Son las tres de la mañana y la mayoría de los bares están cerrando sus puertas. Sus amigas debían de estar en Los Lobos, pero no las encontró ahí. Ahora se reprocha haberse tardado tanto con aquel chico de su salón que siempre le invita cervezas, Ulises. Se sienta afuera de las bancas del bar, saca su celular y le manda un mensaje a Marta, su mejor amiga. El alcohol comienza a darle sueño, bosteza, se sabe cansada. Un mensaje ha llegado. No es de Marta, es de Luis, diciéndole de una fiesta por el Cafetal. No le responderá, lo primordial es reunirse con sus amigas antes de que le de más sueño y decida marcharse a casa.
Los minutos pasan y no hay respuesta de Marta. Su impaciencia crece, quiere un cigarro. Se pone de pie y se acerca a un grupo de jóvenes que platican fuera del bar. Les pide un tabaco y ellos se lo obsequian gustosos. Quieren invitarla a charlar con ellos, pero ella les dice que tiene que marcarle a su amiga. Se aleja del grupo y le marca a Marta. Después del sexto tono suena la contestadora. No hay respuesta. ¿Adónde es que se fueron? Si tan sólo no se hubiera entretenido tanto con Ulises...
Vuelve a sentarse en la banca a esperar un mensaje que está temiendo no llegue. ¿Qué tal si Marta no tiene crédito? ¿Qué tal si decidieron dar la noche por terminada? Y ella ahí, esperando como pendeja. Una extraña sensación le recorre la espalda. Mira hacia la derecha y ve a un tipo observándola desde la otra acera. Ella se hace la desentendida y saca su celular para mandarle un mensaje a otra de las chicas. "Hola", le dicen. Alza la mirada y ve al chavo que estaba observándola un momento atrás. "Hola", responde ella. "¿Y tus amigas?", le preguntó. Su voz suena pesada, está ebrio. "Las estoy esperando, gracias", dijo Aurora, intentando quitarse de encima al desconocido. "¿No te acuerdas de mí, verdad?", se balancea un poco hacia adelante, esperando a que ella lo mire y lo reconozca. Aurora levanta la vista y estudia su rostro sin reconocerlo. "No, no te me haces conocido", dijo ella, "¿tienes un cigarro?" El sujeto saca una cajetilla de Camel y le extiende uno. "Soy Álvaro, te invité una cerveza en el Golem, ¿recuerdas?" Aurora apenas y le presta atención. No para de revisar su celular y mirar de un lado a otro en busca de sus amigas.
El tipo no se marcha y Aurora comienza a desesperarse. "¿Dónde dices que te conocí?", pregunta. "En el Golem, te invité una cerveza." "Ay, es cierto. ¿Qué tal, cómo estás?" Aurora no tiene intenciones reales de platicar con él, pero no sabe cómo decirle que mejor se largue por donde vino. "¿Vives por aquí?", pregunta él. "No realmente", responde Aurora. Le escribe otro mensaje a Marta, pidiendo su auxilio y la libere del bobalicón que tiene a un lado. Álvaro no dice nada más, en cambio se sienta a un lado de Aurora y la rodea con un brazo. "Hace frío", dice. Un escalofrío le recorre la espalda y la hace ponerse de pie, lejos de él. "¿Qué, ya te vas?", pregunta Álvaro, parece enojado. "Sí, yo creo que ya me voy", responde Aurora, que comienza a preocuparse por la actitud de su nuevo amigo. "Te acompaño a tu casa si quieres. Es tarde y puede ser peligroso", se pone de pie y se acerca a ella, "vamos, te llevo". "No, aún no", dice Aurora. Las cosas se ponen raras y Aurora no se siente del todo segura con un desconocido como Álvaro a su lado. "¿Pues no que ya te quieres ir?" El sólo pensar que él la acompañe a su casa le causa una sensación de terror. Cuando el pánico comienza a invadirla, de pronto ve un rayo de salvación. "¡Rodrigo!", grita Aurora. Alza los brazos y llama a uno de sus amigos del salón. Rodrigo le grita a Aurora y corre a su encuentro. "Hola, nena. ¿Cómo estás?" Rodrigo le sonríe como si llevara años de no verla. "Muy bien, a ti mero me quería encontrar", dice ella, aliviada de encontrarse un rostro conocido. Álvaro los observa sin decir una palabra, tan sólo hace muecas de exasperación. Tras unos minutos de plática entre Aurora y Rodrigo, Álvaro se despide con un "hasta luego" que no es correspondido por ninguno de los dos. Aurora por fin se siente a salvo. Le cuenta a Rodrigo que había estado con las chicas en el Golem, pero que ellas se fueron antes, que Marta no le responde y que el tipo raro quería acompañarla a casa. Ambos ríen y Rodrigo le asegura que puede sentirse a salvo, él la acompañará a su casa si así lo desea.
Aliviada, accede a irse con Rodrigo. Caminan tomados del brazo, sin prisas. Aurora se sigue sintiendo extraña, pero se dice a sí misma que no hay nada de qué preocuparse, Rodrigo es fuerte y él puede protegerla de quien sea. Mira hacia atrás y ve a Álvaro a la distancia, caminando hacia ellos, pendiente de qué dirección toman. Entran al estacionamiento del Hinojo y la sensación de peligro se hace más fuerte. Aurora le pide a Rodrigo que se detenga, su celular vibra. Es un mensaje de Marta. Aurora se molesta de que le respondiera hasta esta hora. Guarda su celular en la bolsa y comienza a caminar más deprisa. Rodrigo le pregunta si todo se encuentra bien y ella le cuenta lo molesta que está con Marta por haberla dejado esperando tanto, que si le hubiera respondido a tiempo, no tendría que habérselas visto con el chavo ese. Rodrigo ríe y trata de tranquilizarla. "No te preocupes, ahora estás conmigo". Entran por una callejuela oscura y Rodrigo le dice que se detenga para que él pueda sacar su celular e iluminar el camino. Ella espera paciente. Rodrigo se esculca los bolsillos. "¿Le respondiste a Marta o le dijiste que estabas conmigo?", preguntó Rodrigo. Aurora puede escucharlo buscar algo en sus bolsillos pero no logra verlo. "No, no le dije nada. Estoy muy molesta con ella. ¿Aún no?", pregunta ella, desesperada, "si quieres saco el mío, no hay problema." "No, ya lo tengo"
Lo primero que siente es el puño de Rodrigo impactando contra su nariz, arrojándola hacia atrás. Después de eso siente el par de poderosas manos aferrándose a su garganta, presionando con terrible fuerza. Aurora intenta arañarle la cara, zafarse de su agarre, pero no puede hacer nada. El aire se termina, todo gira a su alrededor. No puede ver gran cosa, sólo la oscuridad. La oscuridad que la consume sin que ella pueda hacer algo para detenerlo. Aurora pierde el conocimiento y se desploma sobre el suelo. Rodrigo camina de un lado a otro intentando serenarse y tranquilizar su corazón. Escucha pasos que bajan por el callejón, toma el cuerpo inerte de Aurora y la carga sobre su hombro. Bajan por el callejón al estacionamiento, se acerca a su coche, abre la cajuela y deposita el cuerpo de Aurora con prisas y sin cuidado. Se sube al automóvil, enciende el motor y sale del estacionamiento como si nada hubiera pasado. Aurora todavía respira y la noche aún no termina.
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