sábado, 27 de octubre de 2012

El Buen Fin. Episodio dos, "Toda merma debe ser desechada"

Segundo episodio,  "Toda merma debe ser desechada"


Noche del día 25/10/2012.

Todo parece indicar que las ideas fatalistas que teníamos al respecto, eran realidad. Esas cosas, o “consumidores”, como comenzamos a llamarles Fran y yo, están en todos lados. Parece que la enfermedad se propagó en tan sólo unas horas aquí en Guanajuato capital. La alta concentración de gente en el centro, y el tamaño diminuto de la ciudad, fueron quizás factores determinantes para que la infección corriese rápidamente. Esta tarde hemos salido a la terraza a observar mejor el panorama. La vecindad de enfrente estaba llena de consumidores, no parecía que hubiera sobrevivientes. En el callejón había unos cuantos deambulando torpemente, sin tener un rumbo fijo. A veces chocaban entre ellos y causaban alboroto hasta darse cuenta de que contra el que habían chocado, era otro idiota como ellos. Tal parece que son ciegos. Hoy que salimos al exterior de la casa, pudimos escuchar gritos de terror proviniendo del centro de la ciudad, era espantoso, creo que hasta ese momento no me había percatado por completo de la situación. Resultaba exactamente igual que en las tantas películas y series que había visto al respecto, y si estaba sucediendo lo que creíamos pensar que estaba pasando, lo importante era ponernos a salvo.


-¿Qué haremos, entonces?, pregunté.
-¿Sobre Carlos o con el potencial problema que hay afuera?
-Pff... con ambos supongo, pero primero hay que decidir si tenemos que matar a Carlos o si lo dejamos como está, y luego ver qué haremos con sus cuerpos...
-¿Pero de qué están hablando?, ¿matar a Carlos?, ¿¡alquien quiere decirme qué está pasando!?
-Tranquilízate, Tovar... no es bueno gritar, dije, harás que nos escuchen los consumidores de las azoteas...
Fran y yo nos miramos durante un momento, completamente serios, teníamos que hacer un dictamen de la situación.
-¿Quieres decirlo tú o lo digo yo?
Fran guardó silencio, meditando.
-Tovar, dijo, lo que tienes que entender es que esas cosas ya no son humanos. Son más bien algo como zombies.
-¿Pero cómo es eso posible?
-No podemos saberlo aún, pero quizás todo el cine, literatura y videojuegos eran una alerta sobre lo que vendría.
-¡No es posible, no es posible!, gritó Tovar en un tonó en extremo dramático.
Corrí hacia la vista que teníamos del callejón y los vi, acercándose en dirección a la casa, al menos seis de ellos., dos consumidores que estaban en el techo a tres casas de distancia, voltearon en nuestra dirección, dudosos.
-Tovar, tienes que guardar silencio o hablar en voz baja, no queremos que esas cosas intenten entrar a la casa. No podríamos con ellas, ¿entiendes?, dije.
-Pero no entiendo nada, debo hablar con mi mamá ahora mismo...
Corrió hacia el recibidor, en busca del teléfono.
-Pero si no me equivoco, no ha habido teléfono ni internet por los pasados dos días, ¿no es así?, pregunté.
-Ahora que lo pienso, ¿cómo nos vamos a enterar de si nuestras familias siguen bien?
-No lo sé, ahora que hago memoria, no he recibido ni una sola llamada en estos últimos días, lo cual, si sabemos que la única que me llama es mi madre, resulta bastante extraño.
-Pero si aquí está así, lo más probable es que en el resto de las ciudades esté pasando lo mismo.
-Y sin cómo enterarnos, esto está de la chingada. Vayamos a asegurar la puerta principal, no quiero que por un arranque de Tovar, los consumidores entren a la casa y terminemos siendo uno de ellos.

Bajamos y acomodamos los sillones de la sala a modo de barricada en la puerta, de ese modo ni aunque formaran una pequeña turba, lograrían entrar. Tovar estaba sentado en una esquina de la cocina, seguía intentando comunicarse con su familia. Lo dejamos ser y continuamos encargándonos de la situación. Ahora quedaba otra cuestión importante a discutir, ¿qué utilizaríamos como arma? Para no decepcionarnos tan rápido, y prolongar la sorpresa de nuestro bajo poder de ataque, cada uno se puso a buscar por su cuenta y llevar a la mesa del comedor las armas que hubiera encontrado. Fran bajó con un cortinero y un martillo, yo, con una plancha y un cuchillo. Al parecer no eran tan malas armas, pero aún siendo combate cuerpo a cuerpo, me sentiría seguro si tuviera que atacarlos desde una distancia más prudente, como por ejemplo con un bate de béisbol, así al menos me sentiría un poco más seguro y cómodo. Pero ni de dónde sacarlo, por el momento me tendría que acomodar con cualquiera de las otras armas. Fran se decidió por el martillo y yo por tomar la plancha en una mano, como escudo y el cuchillo en la otra, como todo un caballero, ja. Al comentarle esto último a Fran, reímos un poco por lo idiota que era.



Subimos a checar a Tovar, que se había encerrado en su cuarto. Se encontraba acostado en su cama, tapándose la cara con su almohada. Lo llamamos pero no respondió. Ahora la decisión recaía únicamente en nosotros. Fue difícil, pero decidimos que si Carlos no respondía como una persona normal, o hasta enferma pero consciente, le pondríamos fin a su miserable sino. Tras respirar profundamente varias veces y de tomar nuestra posición de pelea, abrimos la puerta de par en par. Carlos estaba de pie, frente a la ventana. “Carlos, si es que sigues siendo una persona, haz una seña o di algo que indique tal cosa”, dije. No hubo respuesta, de su boca sólo escapó un sonido gutural que le hacía sonar como un idiota. Miré a Fran y me dio la señal, me acerqué a él lentamente y con la plancha lo toqué por el hombro, él se volvió e intentó lanzárseme encima, pero lo detuve con la plancha, viéndolo a un paso de mí, intentando morderme, con su dentadura ensangrentada aún guardando trozos de carne, sus ojos blancos, como los de un ciego. Me dio tristeza verlo así y le encajé el cuchillo con todas mis fuerzas en su ojo derecho, retorciendo el cuchillo en el interior de su cráneo, sintiendo la sangre fría escurrir por mis dedos. Fue hasta que dejó de tomarme las ropas con sus brazos y cayó al suelo, que me alejé de él y traté de controlarme. No paraba de respirar aceleradamente. Mi cuerpo temblando por la adrenalina y la sensación de cómo retorcía su cerebro con el cuchillo grabada en mi piel.


Me quedé ahí de pie por algunos minutos. No expresó dolor o sorpresa o nada, ni tampoco hizo ningún sonido de sufrimiento o lo menos parecido, sólo exhalaba mientras que intentaba morderme. Ya no son humanos, eso me quedó claro. Y si Carlos se había transformado en una de estas cosas, significaba que con ser mordido ya te podías dar por muerto. Comencé a preocuparme en verdad. Fran me tomó el hombro y me preguntó si estaba bien. Le dije que sí y volteamos a ver a Geraldine. Estaba en la cama, con una expresión de espanto e impotencia. Supongo que sucedió cuando estaban dormidos, él se transformó en un consumidor y la mordió justo en la garganta. Fue por eso que no escuchamos gritos. El cuerpo de Geraldine permanecía inmóvil, al parecer no se transformó.

-No mames, no mames, ¿te das cuenta de lo que está pasando?, dijo Fran.
-Sí, me da terror de sólo pensarlo.
-¿Y ahora qué haremos?, no hay teléfonos, no hay internet, ¡estamos jodidos!
-Creo que tienes razón, lo único que podemos hacer ahora es emplear lo que hemos aprendido y sobrevivir. Ya habrá tiempo para intentar contactar a los demás, si es que la han librado.

Al sabernos conscientes de lo que estaba pasando, lo mejor era mantenernos concentrados en nuestra tarea primera, subir los cuerpos de Geraldine y Carlos al cuarto de la azotea y hacerles una ceremonia o algo parecido; luego, intentar contactar a nuestras amistades en la ciudad, pero para ello necesitaríamos unos días de planeación. Dejamos programada la creación de nuestro mentado plan para el día de mañana. Por hoy fumamos algo de marihuana y fuimos a dormir, mañana sería otro día.

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