viernes, 7 de marzo de 2014

Bosquejo de personaje #1



'¿Sabes sobre qué deberías escribir?' Me preguntó a través del estruendo de la música. El volumen es tan alto que no puedo escuchar del todo lo que dice. Lo cual es excelente, porque no tengo interés en ninguna de las cosas que me está diciendo. Pero eso último sí lo escuché. Aparto mi vista de la multitud que baila en la planta baja del antro y me giro hacia ella. La miro a los ojos conteniendo el impulso de tomarla por la nuca e impactar su rostro contra la columna a nuestro lado. 'No, ¿sobre qué?', respondí entre dientes. Sonríe mordiéndose un labio y dice: 'sobre mí'. 'Puede que así lo haga', respondí con fugaz galantería. 'Es que si te contara todas las cosas que me han pasado, te quedarías con la boca abierta. Un chavo con el que andaba intentó suicidarse porque...' Time to pretend, de MGMT, suena en las bocinas captando mi atención sobre la chica que acabo de conocer. No está nada mal. Mide un metro setenta, aproximadamente. Cabello largo, lacio, que desciende hasta la altura de unos senos copa C, presumiblemente. Usa un vestido negro, ceñido a la cintura y algo corto, que deja sus bronceadas piernas y hombros al descubierto. De complexión atlética, con un trasero bastante apetitoso y unas piernas torneadas. Creo que estudia turismo o ingeniería ambiental. No es muy brillante. De no ser por su cuerpo, no llamaría la atención en absoluto. Me rasco la nariz mientras asiento a lo que está diciendo. Son casi las tres de la mañana y una leve sensación de cansancio me hace bostezar. Hace quince minutos que Enrique tenía que estar aquí con la cocaína. Fue a conseguirla con un dealer a uno de los bares del centro. No debía de llevarle más de media hora. Detrás de mí está Pablo, bailando con Beatriz, su novia. La botella de whisky va por la mitad. Nadie parece estar bebiendo además de mí. Volteo a ver a Pablo y me llevo el dedo índice a la nariz, preguntándole por Enrique y la coca. Alza los hombros y sigue bailando como si no le importara. Beatriz me lanza una mirada de desaprobación y acerca a Pablo para decirle algo al oído. Regreso la vista a la pista de baile, sin darle importancia a lo que sea que le llegara a decir, Beatriz no me tolera. Mi impaciencia crece progresivamente hasta tensar mi quijada. Antes habíamos estado en Los Lobos, pero nos sacaron porque Pablo insistió en encender una colilla de chronic en pleno bar. Al salir, sin tener a dónde mas ir, vinimos al Grill, donde estaba Beatriz y sus amigas. No había pillado esa noche y Pablo prometió que las amigas de Beatriz estaban buenas y que nos la pasaríamos bien tan solo consiguiéramos polvo. Y todo estaría bien de no ser porque no habíamos conectado aún.

Justo cuando estoy por mandarlos al carajo y marcharme a casa, veo a Enrique entrar por la puerta principal, con los brazos en alto en señal de victoria. En cuanto me ve, me guiña un ojo y señala en dirección de los baños. Pamela, como creo que se llama, continúa hablando sin haberse percatado de que la he estado ignorando todo este tiempo. Me excuso diciendo que tengo que ir a orinar. 'En un momento regreso y me sigues contando, hermosa.' Me encuentro con Enrique afuera de los baños, donde un empleado del antro custodia la puerta. Entramos y me entrega una pequeña bolsa, antes de meterse en una cabina con escusado. Yo hago lo mismo, cerrando la puerta con seguro.

Inspecciono la bolsa antes de abrirla. Dos gramos, lo suficiente para la noche. Tomo papel de baño y limpio la superficie del tanque de agua para poder hacer las líneas. Saco una credencial del Instituto Kipling, de cuando iba en segundo de primaria, y hago tres líneas que inhalo con ayuda de un billete de cien enrollado. Salgo del retrete y reviso mi aspecto en el espejo en busca de rastros de cocaína en mis fosas nasales, pero se encuentran limpias. Me quedo de pie frente al espejo, mirando mi reflejo a los ojos. Siento el rostro caliente y mi cuerpo arder. La cocaína está haciendo efecto. Enrique sale del escusado bailando y cantando Wrecking ball, de Miley Cyrus.

'¿Crees que debamos darle su paquete a Pablo?', pregunta mientras se acerca a lavarse las manos en el lavabo a un lado del mío.

'No creo, Beatriz está aquí y ya sabes cómo se pone de perra. No tengo ganas de estar aguantando sus jetas.'

'¿Y qué tal la nalguita que te agarraste?' Esto último lo dijo con un tono de envidia que no es nada raro en él.

'Ya sabes, excelente. Lo más probable es que me la lleve a casa cuando salgamos de aquí. Por como baila, ha de coger como diosa.' Sonrío orgulloso a su reflejo.

'No me digas que sí te funciona toda esa mierda de ser escritor.' Dijo el incrédulo, alzando una ceja.

'No es mierda, es la realidad. Soy escritor. Y claro que funciona. Es mucho mejor a decir que tan solo eres un imbécil como los demás. ¿O no recuerdas a July?' July es una chava con la que Enrique estuvo saliendo hace poco. Nada serio, en realidad. Él quería ser su novio, pero ella prefirió ser mi "musa".

'¡Bah, viejas como esa hay en donde sea!' Su semblante se ha ensombrecido. He dado un golpe bajo que le recordará no ser impertinente conmigo.

Sonrío a su reflejo y salgo del baño sin decir una palabra. Él camina a unos pasos detrás de mí, en dirección a nuestra mesa. Paula, o Pamela, baila sola con su bebida de vodka en la mano. Está un poco ebria y el movimiento de su cuerpo es torpe, a la vez que terriblemente seductor. Llego por detrás, rodeando su cintura con las manos, preguntándole muy cerca al oído, rozando apenas mis labios con el lóbulo de su oreja, si es que bailaría conmigo. Ella deja caer su cabeza hacia atrás, me toma por las muñecas y se contonea lentamente, restregando su cuerpo contra el mío como un felino. Enrique me mira con desprecio. Mari, o Ari, otra amiga de Beatriz, se suponía que sería la pareja de Enrique para esta noche. Para su desgracia, el ex novio de Mari le mandó un mensaje y ella se marchó cuando él se fue a conseguir la droga. Pablo se ha sentado con Enrique mientras que Beatriz habla por teléfono. Le digo a Paulina que iré a servirme otra bebida y me siento con ellos a discutir qué haremos al salir de aquí.

'¿Qué pasa?', pregunto.

'Este marica ya se quiere ir.' Dice Pablo señalando a Enrique, que da grandes tragos a su bebida.

'Si tanto le molesta estar solo, puede libremente invitar a cualquier chava a bailar.' Digo, esperando me escuche.

'¡Qué lo va a andar haciendo! Más importante, ¿Dónde está por lo que pagué?' Como un niño pequeño, comienza a esculcar mis bolsillos en busca de la cocaína.

Le doy una bofetada y le ordeno que se detenga, Enrique la tiene. Entonces lo comienza a molestar a él, intentando también sacarlo de su estado de miseria. En la segunda planta, donde nosotros nos encontramos, no hay mucha gente. Saco mi cajetilla de cigarros y enciendo uno. Inmediatamente, antes de que la guardara, ellos me piden uno. Beatriz y Paula se marcharon juntas, quizás al baño. Ahora suena Me pregunto, de Belanova.

'Entonces, ¿se echan una conmigo o qué?' Pregunta Pablo, moviendo los vasos para poder hacer preparar las líneas sobre la mesa. Enrique y yo aceptamos, cuidando de que no vinieran las féminas mientras nos drogábamos. Tras una gruesa línea, la cual sentí como un disparo entre los ojos, brindamos con un shot de whisky.

'¿Qué te pareció Paola?', me pregunta Pablo con interés.

'¿Así se llama?', pregunté extrañado. 'Bueno, ya conoces mis gustos. Estoy maravillado con su cuerpo, pero la pobre tiene el foco apagado.'

'¿Qué quieres decir con eso?' Pablo.

'Que la niña no es lista.' Enrique, con tedio.

'No mames. Ve el culazo que te presenté, ahora dime si es justo que la rechaces solo por no tener tu nivel intelectual, señor escritor. Este pendejo de aquí quisiera estar con ella, pero no, lo estás tú. Así que no hagas que me arrepienta y dale algo de amor a esa chica.'

'¿Algo de amor?', pregunto frunciendo el ceño. 'Si te refieres a que le diré qué tan linda es, que no me cansaría de ver su rostro noche y día, haciendo de su belleza mi mayor fuente de inspiración, lo haré. Le daré mi amor.' Ambos me miran extrañados, casi con asco por la cursilería que acaba de salir por mi boca mientras yo sonrío con falsa emoción.

'Güey, no te vayas a pasar de verga con ella, de por sí no le caes bien a Beatriz. Si le haces algo a su amiga, me castrará a mí', suplicó. Lo comprendo. Yo mismo he sido testigo del nivel de histeria al que es capaz de llegar Beatriz cuando se enoja. No es agradable. Una vez presencié cómo le gritaba a Pablo por haber estado platicando con una compañera nuestra del salón. Totalmente inocente, hablando de una exposición que harían juntos en la semana. Cuando terminan de platicar y nuestra compañera se marcha, Pablo, inadvertido del tsunami acercándose por la costa, recibió la embestida de una bestia ciega y llena de ira. Frente al Juárez, a la media noche, en martes. Los transeúntes no sabían cómo reaccionar. Beatriz se transformó en una pesadilla en frente de todos. En otras circunstancias, uno tendría la impresión de que es una muchacha linda y elocuente.  Pero en ese momento era algo completamente distinto. Era una mujer de un metro y setenta y cinco centímetros, gritándole a un pobre diablo de un metro y sesenta centímetros. Literalmente le escupía en el rostro cada vez que abría la boca. Yo, por supuesto, me reía a carcajadas de la situación, confundiendo aún más a la gente, que no sabía si se trataba de algo real o de una actuación. Es por eso que no tengo interés en irritar a esa bruja. Temo perder el control y estrangular a la perra hasta que su cuerpo deje de sacudirse por la falta de aire.

'¿Qué clase de persona crees que soy? No es como si fuera a tener sexo con ella, asesinarla y tirarla en la carretera Guanajuato- Silao.' Menciono, restándole importancia a su advertencia.

'No empieces. Por cierto, ¿cómo vas con el libro? Ya se acerca la fecha límite de la editorial, ¿no es así?' Maldita sea, tenía que mencionarlo. En ese momento veo a las chicas saliendo del baño en compañía de otras dos muchachas. Se detienen al pie de las escaleras para platicar.

'Mejor deberías preparar otras líneas antes de que llegue tu dominatrix y vuelvas a ser aburrido.' Dije sin perder de vista el grandioso culo de Pamela.

Inhalamos coca una vez más justo antes de que regresaran a la mesa. Me limpio la nariz y reviso que no tenga polvo sobre la camisa. Paola me toma de la mano y me pone de pie para que baile con ella Don't stop de music, de Rihanna. No me puedo negar. Como un sabueso, sigo el rastro de su aroma a través de la peste a tabaco y sudor de mil humanos. Estamos el uno frente al otro. Yo la tomo por la cintura, ella me rodea el cuello. Bailamos lentamente, repasando nuestros cuerpos a deleite. No separamos los ojos del otro. Percibo en su mirada algo similar al deseo. No digo nada, solo sonrío y me dejo llevar por el movimiento de sus caderas, juntándonos más y más. Puedo oler el sudor en su cabello junto con el aroma a tabaco y a perfume Dolce&Gabbana, como el que usa mi hermana. Se separa un poco de mí y le doy media vuelta, abrazándola por detrás, con sus nalgas frotando mi miembro hasta despertarlo. Lo nota y comienza a mover su culo de forma circular, arriba y abajo. Ella hace todo el trabajo. sacudo la cabeza para despejarme. La cocaína ha llegado a la cima y una lujuria desenfrenada se apodera de mí. Vaya chica, comienzo a ver su potencial. Me toma por las manos y se gira hacia mí, rodeando su cuello con mis brazos para darme uno de los mejores besos que he recibido en este año. Tiene labios carnosos y húmedos y una lengua juguetona que se toma las cosas muy en serio. Tan pronto nos separamos unos cuantos centímetros, ella aún con los ojos cerrados, percibo un pequeño pedazo de "algo" en mi boca. Se siente como un pedazo de papel. Ella sigue sin abrir los ojos, dejándose llevar por la música. Fue un cartón de ácido lo que me pasó con ese beso. Eso explica su soltura conmigo. No importa, hace una semana que no tengo sexo y ya me es necesario. Se termina la canción y me pide que nos sentemos un momento. Ella me lleva de las manos y me sienta a la mitad del sillón, justo para que pudiera acostarse y recargar su cabeza sobre mis piernas.

Pablo y Beatriz bailan Get lucky de Daft Punk, sin prestarnos atención. Es probable que Beatriz también haya tomado un ácido. Enrique está sentado a mi lado con una horrenda expresión de apatía y quise molestarlo un poco.

'¿Has visto a July últimamente?', pregunto inocentemente, acariciando el cuello y clavículas de Paula, que se retuerce de placer al tacto de mis dedos. No volteé a verlo, pero sé que en cuanto escuchó mi pregunta, quiso golpearme. Pero no lo hizo, ¿por qué? Porque tengo a Paulina recostada sobre mis piernas, y porque es un maldito cobarde. Mi relación con él nunca ha sido tan amistosa como los demás piensan. Y por más que él quiera golpearme, no lo hará. Lo sabe y eso lo confunde, porque no sabe cómo reaccionar. Le miro apretar los puños, apartar la vista de mí y vomitar un 'hace mucho que no hablo con ella'.

Termina la canción y comienza otra que no reconozco, probablemente Beyonce. Un mesero se acerca a nuestra mesa y nos informa que ya están por cerrar la barra. Pablo se acerca a ver qué sucede. Paola vuelve a la vida, se sienta y se recarga en mi hombro, preguntándome al oído qué pasa. El mesero se explica nuevamente, 'en quince minutos cerramos'.

'¿Ya nos vamos?', pregunta una Paola amodorrada.

'Sí, ya vámonos.' Enrique, fastidiado.

'¿Y a dónde vamos?' Paola, en incertidumbre.

'Podemos ir a mi casa.' Yo, asertivo.

'No, yo creo que nosotros ya nos vamos, ¿no, Pablo?' Beatriz, cansada.

'Sí, ya hay que caerle.' Pablo, cachondo por la coca.

Salimos a una cálida noche de Abril. Cada quien tomo su camino. Paola y yo nos dirigimos hacia mi casa, en Mexiamora. Caminamos lentamente a través del Jardín de la Unión, subiendo por un costado del Teatro Principal, hasta llegar a mi casa. Una vez dentro, tomamos shots de whisky hasta terminarnos la botella. Reímos, nos besamos y lucimos felices. La noche aún es joven.